—Podías haber llamado.
—Sí.
—Podías haber escrito.
—Sí.
—Sabías dónde encontrarme.
—Sí.
Lucas se levantó y caminó hacia la ventana.
—Yo habría querido conocerlo.
—Ahora lo sé.
Se giró.
—¿No lo sabías entonces?
—El hombre que me pidió firmar el divorcio mientras corría a recoger a otra mujer no parecía alguien esperando convertirse en padre conmigo.
—Eso no significa que habría abandonado a mi hijo.
—Tienes razón.
Aquellas palabras fueron difíciles.
Pero necesarias.
Yo podía responsabilizar a Lucas por la manera en que terminó nuestro matrimonio.
No podía convertir eso en prueba de cómo habría tratado a un hijo cuya existencia nunca conoció.
—Debí decírtelo —dije.
Lucas se quedó inmóvil.
—Gracias.
—No confundas eso con decir que quiero volver contigo.
—No lo hago.
—Bien.
—Pero también necesito decir algo.
Esperé.
—Yo creé las condiciones para que tú pensaras que desaparecer era más fácil que hablar conmigo.