PARTE 2 — LA TORMENTA SILENCIOSA

Sarah asintió lentamente.

—¿Por el tío Michael?

La miré sorprendida.

—¿Cómo lo sabes?

—La abuela me contó que dejaste de pelear después de que murió.

Respiré profundamente.

—Sí.

Sarah tomó mi mano.

—Mamá, hoy no me impresionó que pudieras derribar a Jake.

Fruncí el ceño.

—¿No?

Negó.

—Me impresionó que pudieras hacerlo y eligieras no lastimarlo.

Sentí que las lágrimas comenzaban a caer.

Mi hija sonrió.

—Quiero aprender a ser fuerte como tú.

La abracé.

—Entonces aprenderás que la fuerza también significa saber cuándo alejarte.

Durante unos segundos pensé que todo estaría bien.

Pero estaba equivocada.

A las once y cuarenta y siete de aquella noche, mi teléfono recibió un mensaje de un número desconocido.

“Bonita demostración, Tormenta Silenciosa”.

Sentí un escalofrío.

Debajo había una fotografía.

Mostraba a Sarah saliendo del gimnasio aquella tarde.

Mi corazón comenzó a latir violentamente.

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