ELEGÍ SALVAR A NUESTRAS GEMELAS Y PERDÍ A MI ESPOSA EN EL PARTO. DURANTE TRES MESES CREÍ QUE MI SUEGRA ME ODIABA… HASTA QUE APARECIÓ EN MI PUERTA CON UNA CARTA Y ME DIJO: «HAY ALGO SOBRE MI HIJA QUE YA NO PUEDO OCULTARTE».

Miró hacia la ventana.

—Y unas horas después me dijeron que había muerto.

Se cubrió la cara.

—No podía aceptarlo.

Me acerqué.

—Señora Elena…

Ella levantó la mano.

—Déjame terminar.

Asentí.

—Durante el funeral te escuché decir que habías pedido que salvaran a las niñas.

Sentí que el corazón me daba un vuelco.

—Sí.

—Y por un momento horrible pensé: “¿Por qué no pidió que salvaran a mi hija?”

Bajé la cabeza.

Aquellas eran exactamente las palabras que había imaginado durante tres meses.

Pero entonces mi suegra tomó mi mano.

—Después recordé que Mariana me había contado sus deseos.

La miré.

—Y recordé que los médicos habían hecho todo lo posible.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Comprendí que necesitaba culpar a alguien porque aceptar que nadie había podido evitarlo era demasiado doloroso.

Me quedé en silencio.

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