Muchos maestros se acercaron a felicitarla.
Algunos estudiantes le pidieron perdón.
Otros le contaron que recordaban pequeños gestos de amabilidad que ella había tenido con ellos.
Pero hubo una persona cuya reacción me sorprendió especialmente.
Brandon Collins.
El muchacho que había iniciado las burlas.
Se acercó cuando la fiesta estaba terminando.
Ya no sonreía.
Tenía las manos metidas en los bolsillos.
—Daniel, ¿podemos hablar?
Lo miré con desconfianza.
—¿Qué quieres?
Brandon tragó saliva.
—Quiero pedirte perdón.
No respondí.
Él miró hacia mi abuela, que conversaba con la señora Williams.
—También quiero disculparme con ella.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué ahora?
Brandon bajó la mirada.
—Porque mi papá siempre me enseñó que las personas importantes eran las que tenían dinero.
Hizo una pausa.
—Pero esta noche me di cuenta de que he estado comportándome como un idiota.
Lo observé.