—No, cariño. No has hecho nada malo. Y nadie volverá a examinarte sin que tú y yo sepamos exactamente qué está pasando.
La abracé.
Pero mientras la sostenía, comprendí algo terrible.
El Proyecto Lumen no había desaparecido.
Solo había cambiado de nombre, de responsables y de generación.
A las ocho de la mañana siguiente, el Dr. Harris llegó a casa de mis padres.
Traía una carpeta y una expresión que nunca le había visto.
—He conseguido contactar con dos antiguos miembros del equipo de investigación —dijo—. Uno de ellos está dispuesto a declarar.
—¿Quién?
—El antiguo responsable de farmacología del proyecto. El doctor Samuel Price.
Me entregó una declaración firmada.
La leí lentamente.
Según el documento, el Proyecto Lumen había utilizado una solución experimental que nunca había completado los estudios de seguridad necesarios.