PARTE”2

—Lo encontramos. Está con una mujer.

Escuché una voz al otro lado, pero no pude distinguir las palabras.

Entonces el hombre respondió:

—No, señor. No está atacándola. De hecho… parece que la conoce.

Aquello me pareció absurdo.

—Disculpe, ¿el perro es suyo?

El hombre no respondió.

En cambio, miró hacia el extremo de la calle.

Un automóvil negro acababa de detenerse frente al callejón.

La puerta trasera se abrió.

Y un hombre descendió.

Era alto, de hombros anchos, vestido con un traje negro perfectamente ajustado. Su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás y una pequeña cicatriz le atravesaba la ceja izquierda.

No parecía un hombre acostumbrado a recibir un no por respuesta.

Sus ojos recorrieron el callejón hasta detenerse en Orion.

—¿Qué ha pasado? —preguntó con una voz profunda.

Uno de los guardaespaldas respondió inmediatamente:

—Señor, lo encontramos con esta mujer.

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