PARTE”2

Orion olfateó mis dedos.

Después ocurrió algo que jamás habría imaginado.

Bajó la cabeza y la apoyó sobre mi palma.

Cerré los ojos por un instante.

Su pelaje estaba caliente a pesar del frío.

—Vaya… parece que necesitabas compañía tanto como yo.

Me senté en el bordillo y él se acomodó a mi lado.

Durante unos minutos permanecimos así, sin hablar.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que escuché unos pasos apresurados.

—¡Señorita! ¡Aléjese inmediatamente del perro!

Me giré.

Dos hombres vestidos de negro corrían hacia nosotros.

Uno llevaba una radio en la mano.

El otro parecía completamente aterrorizado.

—¡No lo toque! —gritó.

Me levanté de golpe.

—¡Tranquilos! No está haciendo nada.

El hombre miró mi mano.

Orion seguía apoyando su cabeza contra mí.

Su expresión cambió.

—Dios mío…

—¿Qué sucede?

El hombre sacó su teléfono y realizó una llamada.

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