PARTE”2

—¿Qué?

—Está en la entrada. Dice que quiere hablar con usted.

Me giré hacia mi hermano.

—¿Es él?

Alexander asintió.

—No te alejes de mí.

El hombre entró unos minutos después.

Tenía unos sesenta años, cabello gris y un elegante bastón de madera.

Cuando me vio, se quedó completamente inmóvil.

La sonrisa que llevaba desapareció.

—Isabella…

Sentí un escalofrío.

—¿Me conoce?

El hombre miró a Alexander.

—¿Qué significa esto?

Mi hermano se acercó a él.

—Significa que mi hermana está viva.

El anciano tragó saliva.

—Eso es imposible.

—No. Lo imposible es que hayas pasado diecisiete años fingiendo que no sabías dónde estaba.

El hombre apretó el bastón.

—No sabes de qué estás hablando.

Alexander colocó la fotografía sobre la mesa.

—Entonces explícanos esto.

El tío miró la imagen.

Su rostro cambió.

Durante varios segundos no pronunció palabra.

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