PARTE”2

Lo abrí con las manos temblorosas.

La letra era de mi madre.

Mi querida Olivia:

Si estás leyendo esta carta, significa que ya no estoy aquí para explicarte lo que ocurrió cuando eras pequeña.

Hay algo que nunca tuve el valor de contarte.

Tu nombre no siempre fue Olivia Marshall.

Cuando llegaste a mi vida, te llamabas Isabella.

Te encontré después de un accidente cerca de una carretera. Estabas herida, asustada y no recordabas dónde vivías. No había ningún adulto contigo.

Pasaron semanas y nadie reclamó a la niña. Las autoridades no consiguieron localizar a tu familia y, después de muchos trámites, pude adoptarte.

Con el tiempo comenzaste a llamarme mamá.

Nunca quise hacerte daño. Esperaba encontrar el momento adecuado para contártelo.

Pero ese momento nunca llegó.

Perdóname, mi niña.

Con todo mi amor.

Mamá.

Dejé caer la carta.

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