La empresa había utilizado fondos de varios inversionistas para adquirir propiedades.
Pero existían inconsistencias en algunos movimientos.
Lo más preocupante fue descubrir que mi nombre aparecía en documentos relacionados con un supuesto préstamo que yo nunca recordaba haber autorizado.
Adrián me mostró una copia.
—¿Reconoce esta firma?
La observé.
Se parecía a la mía.
Pero había algo incorrecto.
—Yo nunca firmé esto.
El abogado permaneció serio.
—Entonces tendremos que solicitar una revisión formal.
Esa tarde recibí otro mensaje de Marcus.
“Mamá, necesitamos hablar. No puedes irte así. Tenemos asuntos pendientes”.
Por primera vez entendí que quizá no me estaba llamando porque me extrañaba.
Quizá tenía miedo de lo que yo pudiera descubrir.
CAPÍTULO 3: LA VERDAD SOBRE LA FORTUNA DE MI HIJO
Dos semanas después, Samuel y Adrián me citaron en su oficina.
Camila también estaba allí, aunque había dejado claro que no publicaría nada sin mi consentimiento.