El niño negó con la cabeza.
—Me perdí.
Poco a poco consiguió contarle lo sucedido.
Había estado con su familia en una celebración llena de gente. En algún momento se separó de ellos.
Intentó regresar al sitio donde los había visto por última vez.
Se confundió de calles.
Caminó durante horas.
Un conductor se detuvo al verlo solo y quiso ayudarlo, pero el niño, asustado, corrió.
Había terminado cerca de la estación sin entender siquiera cómo había llegado hasta allí.
Mauricio buscó ayuda.
Consiguió que un trabajador nocturno de un local cercano avisara a las autoridades.
Después regresó con el niño.
No quería dejarlo solo.
Tenía medio bolillo en una bolsa.
Era todo lo que pensaba comer aquella noche.
Lo partió en dos.
—Toma.
El niño lo miró.
—¿Y usted?
—Yo ya comí.
Era mentira.