Una millonaria vio un rubí en el cuello de un indigente y gritó algo que paralizó toda la calle

Nadie veía al padre que todavía guardaba un dibujo de su hija dentro de una bolsa de plástico para que no se dañara.

Nadie sabía que algunas noches, antes de dormir, tocaba el pequeño colgante rojo que llevaba al cuello y se recordaba a sí mismo que alguna vez todavía había sido capaz de ayudar a alguien.

Porque aquella joya tenía una historia.

Una historia que Mauricio jamás había contado completa.

Había sucedido nueve años antes.

Mauricio llevaba poco tiempo viviendo en la calle.

Aquella noche caminaba cerca de una antigua estación de tren que ya casi no se utilizaba para pasajeros. Había ido hasta allí porque conocía un pasillo protegido donde, algunas veces, podía descansar sin que lo molestaran.

Entonces escuchó un ruido.

Pensó que era un gato.

Después oyó un sollozo.

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