—Padre, creo que tenemos un problema.
Le entregó la caja de vitaminas.
—Tu esposa está embarazada.
El silencio fue inmediato.
Khalid me miró.
—¿Es cierto?
Tragué saliva.
—Sí.
Se levantó lentamente.
—¿Cómo es posible?
—Porque estamos casados —respondí.
Omar golpeó la mesa.
—¡No intentes insultar nuestra inteligencia! Los médicos dijeron que mi padre no podía tener hijos.
Fátima se llevó una mano al pecho.
—¡Esto es una vergüenza!
Samira cruzó los brazos.
—Queremos saber quién es el verdadero padre.
Khalid se acercó a mí.
—Amina, mírame a los ojos. ¿Ese niño es mío?
Lo miré directamente.
—Sí.
Pero él no me creyó.
—Quiero una prueba.
—La tendrás.
Omar sonrió.
—Y mientras tanto, no deberías seguir viviendo bajo este techo.
Khalid levantó la mano.
—Nadie se moverá hasta que sepamos la verdad.
Aquella noche dormí con la puerta cerrada y el teléfono en la mano.