Tal vez lo era.
Pero existe una línea que aprendí demasiado tarde:
Luchar por una relación no es lo mismo que luchar contra la realidad de que la otra persona ya eligió herirte.
No todo lo que se puede perdonar se debe continuar.
No toda historia larga merece ser más larga.
Y no todo amor perdido es un fracaso.
A veces irte es la primera decisión verdaderamente amorosa que tomas por ti.
Camila quebró.
Daniel perdió su matrimonio.
Mi madre perdió al hombre por quien había abandonado su vida anterior.
Durante algún tiempo habría sido fácil mirar todo eso y pensar:
Ganaron lo que merecían.
Pero ya no pienso así.
Porque si mi paz depende de que las personas que me hicieron daño sufran, entonces sigo dependiendo de ellas.
Mi verdadera victoria no fue que Camila perdiera su empresa.
No fue que Daniel terminara solo.