Volví del funeral de mi padre y encontré a mi marido con mi mejor amiga… así que me divorcié antes de repetir la historia de mis padres

—Hola.

—Hola.

—¿Tienes cinco minutos?

Me reí.

Ella también.

—Me lo merezco.

Fuimos a una cafetería.

Camila trabajaba ahora en una empresa de logística.

Nada relacionado con diseño.

—Empecé desde abajo.

—¿Te gusta?

—No siempre.

Sonrió.

—Pero por primera vez sé que el sueldo que recibo corresponde a algo que sé hacer.

Eso sonaba a crecimiento.

—Me alegro.

Silencio.

—No vine a pedirte trabajo.

—Bien.

—Ni dinero.

—Mejor.

Camila sonrió débilmente.

—Quería pedirte perdón.

La miré.

—Ya lo hiciste muchas veces.

—No.

Negó.

—Pedí perdón porque quería que dejaras de estar enfadada conmigo.

Eso no es lo mismo.

Esperé.

—Ahora no necesito que hagas nada con mi disculpa.

Respiró.

—Te traicioné.

No porque Daniel fuera “mi amor verdadero”.

No porque estuviera confundida.

No porque tú fueras distante.

Simplemente hice algo egoísta.

—Sí.

—Y después intenté convertirlo en una historia romántica porque no soportaba verme como alguien capaz de hacerle eso a su amiga.

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