Volví del funeral de mi padre y encontré a mi marido con mi mejor amiga… así que me divorcié antes de repetir la historia de mis padres

—Yo.

—Sí.

Respiró.

—Y eso me hizo peor.

—¿Peor cómo?

—Dejé de preguntarme si te estaba cuidando.

Solo asumía que estarías.

Miró sus manos.

—Camila me hacía sentir admirado.

Tú me conocías demasiado.

Sabías cuando estaba equivocado.

Cuando estaba siendo arrogante.

Cuando una decisión era mala.

Ella me miraba como si fuera extraordinario.

—Eso suena parecido a lo que dijo mi madre sobre el “amor verdadero”.

Daniel sonrió con tristeza.

—Quizá.

—¿La amabas?

Pensó.

—No.

—¿Entonces por qué?

—Porque era fácil.

Ah.

La respuesta más honesta.

—Tú no eras fácil.

—Gracias.

—No quería decir…

—Sé lo que quieres decir.

Daniel siguió.

—Contigo existía historia.

Responsabilidad.

Expectativas.

Ella era novedad.

Admiración.

Ningún pasado.

—Hasta que consiguió uno contigo.

—Sí.

Silencio.

—Después del divorcio intentamos estar juntos.

—Lo imaginé.

—Duró poco.

—También lo imaginé.

—Ella quería que nuestra relación justificara lo que había hecho.

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