Volví del funeral de mi padre y encontré a mi marido con mi mejor amiga… así que me divorcié antes de repetir la historia de mis padres

Tomé los documentos.

Fui sola.

Daniel ya estaba allí.

Camila esperaba dentro de un coche al otro lado de la calle.

La vi inmediatamente.

Daniel siguió mi mirada.

—Ella insistió en acompañarme.

—No me importa.

Su expresión cambió.

—Valeria.

—¿Sí?

—Todavía podemos retirarlo.

—Lo sé.

—Si no entramos hoy, la solicitud caduca.

—También lo sé.

Daniel me observó.

Parecía estar buscando algo en mi rostro.

Miedo.

Dudas.

La antigua Valeria que había pasado doce años esperando que él la eligiera.

—Pensé que se te pasaría.

—Ya veo.

—No dije que lo que hice estuviera bien.

—Tampoco pediste perdón.

Frunció el ceño.

—Lo hice.

—Dijiste “fue una sola vez”.

Eso no es pedir perdón.

—Valeria…

—Entramos o me voy y vuelvo con mi abogado.

La calma de mi voz pareció inquietarlo más que cualquier grito.

Entramos.

El proceso fue sencillo.

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