Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

Nos encontramos en el estacionamiento de una biblioteca, lejos de mi barrio. Marina llegó a pie, con una gorra y un abrigo demasiado grande. Tendría cerca de cuarenta años. Tenía una cicatriz fina en la sien y los ojos de quien ha aprendido a mirar las salidas antes que las caras. Cuando vio mi labio, no preguntó qué había pasado. Asintió, como si reconociera un idioma.

—A mí también me dijo que me había caído —murmuró.

Mi padre le ofreció el asiento delantero. Ella negó.

—Si me siento, me quedo. Y no puedo quedarme hasta saber dónde está mi madre. Se llama Rosa Solís. Vive en un edificio pequeño, calle del Mercado, el tercero con las macetas azules. Eden fue allí una vez, cuando todavía fingía que yo era parte de su familia. Si hoy descubrió que respiro, irá a Rosa para saber quién me escondió.

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