Nadie respondió.
Entraron en la sala.
Y entonces se detuvieron.
La bolsa de maquillaje seguía intacta sobre la mesa.
Mi maleta había desaparecido.
Y sentada tranquilamente en el sofá estaba Patricia Salazar.
—Buenas tardes, Randy —dijo—. Soy la abogada de tu esposa.
Eden palideció.
—¿Dónde está Juana?
—En un lugar seguro.
Randy soltó una carcajada nerviosa.
—Esto es ridículo. Mi esposa está confundida.
Patricia colocó una carpeta sobre la mesa.
—Tenemos pruebas de agresión, falsificación de documentos y fraude financiero.
La sonrisa de Randy desapareció.
—No pueden demostrar nada.
—Ya hemos entregado las pruebas a las autoridades.
Eden retrocedió hacia la puerta.
Pero Patricia todavía no había terminado.
—Hay algo más. Hemos descubierto que intentaron vender una propiedad sin autorización de su legítima dueña.
Randy miró furiosamente a su madre.
—¡Me dijiste que esos documentos eran suficientes!
Eden lo interrumpió.