Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

Era Patricia.

—Eden acaba de decir en declaración que mañana llevará un testigo de la clínica, alguien que jurará que Marina salió de alta con otro nombre y que por lo tanto la mujer de hoy es otra. No es el final, Juana. Es la última curva. Duerme si puedes. A las nueve nos necesitan a las dos, vivas y puntuales.

Colgué. Desde la ventana vi la calle vacía y, al fondo, el letrero del hotel donde estaban mi padre, Rosa y Marina. La casa me rodeaba con sus tablas conocidas. Yo apoyé la frente en el vidrio y entendí que la noche había devuelto los papeles, no todavía la paz. Al día siguiente alguien intentaría decir, con voz de testigo, que la mujer que me había salvado la tarde no era quien decía ser. Y hasta que esa frase cayera, ninguna de nosotras podía llamar a esto un final.

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