Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

—Si están dentro, se les invita a salir y se registra con la dueña presente —me explicó—. Usted no discute con ellos en el umbral. Usted identifica lo suyo.

Asentí. La llave grande seguía, supuse, en el gancho. Yo tenía la copia que mi abuela me había hecho guardar en el estudio de mi padre años atrás, la que Randy nunca supo nombrar. Mi padre me la puso en la palma. El metal estaba frío. Durante un segundo fui otra vez la niña que corría después de una pesadilla, solo que la pesadilla tenía matrícula y sonrisa.

Randy abrió antes de que tocáramos. Se había puesto un delantal, absurdo, y olía a café recién hecho.

—Llegaron a cenar —dijo—. Qué detalle traer público.

—Traemos una orden —respondió el agente, y se la mostró.

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