Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

—Guardé lo que me diste envuelto en papel de estraza —dijo—. Debajo de las velas de la emergencia, en el cuarto de los contadores. Nadie reza ahí. Por eso nadie busca.

Las páginas olían a cera. La letra de Marina era apretada. Contaba el aislamiento, la cita para “ordenar papeles”, la negativa, el té demasiado dulce, el miedo a Rosa. No decía cómo se fabrica un muerto. Decía el costo: una hija que no puede abrazar a su madre, un lote ofrecido a Eden Holdings, un seguro con beneficiaria puesta de antemano. La última hoja no estaba. Marina pasó el pulgar por el borde rasgado.

—Randy la arrancó en el coche. Dijo que una carta sin final es un berrinche. La guardó en la caja de tu casa porque, según él, una caja fuerte de esposa es el único sitio donde una verdad no estorba. Creía que yo no volvería a pedirla.

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