Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

Marina no le contestó el insulto. Sacó del bolso una fotografía vieja, ella y Rosa en el lote, y la dejó junto al poder falso.

—El parecido es mío porque la cara es mía. El seguro lo cobró usted. Eso lo dirá el banco del seguro, no mi paciencia.

Salimos cuando Vera cerró su declaración. El sol de la tarde pegaba en los parabrisas. Patricia propuso ir a ver a doña Nélida antes de que anocheciera, para recoger las primeras páginas de la carta. Mi padre aceptó. Yo quise ir también. Las costillas protestaron en cada bache, pero quedarme en un hotel mientras otros tocaban mi historia me parecía otra forma de firmar sin leer.

Doña Nélida barría la escalera de Rosa aunque Rosa ya no estaba arriba. Era alta, de delantal gris, y miró a Marina como se mira a un fantasma que uno había decidido creer a medias.

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