El ascensor se abrió y Randy salió con un ramo pequeño, como si las flores pudieran convertir el pasillo en una reconciliación. Llevaba la camisa planchada y ni una marca en las manos. Me vio detrás de mi padre y la sonrisa se le sostuvo un segundo de más, el tiempo de elegir un papel.
—Cariño, me tenías preocupado. Te busqué en la casa. Vi sangre en el lavabo. Pensé lo peor.
—Tú estabas allí cuando salió la sangre —dije.
Una enfermera se interpuso antes de que él diera otro paso. El agente, que había subido por la escalera, le pidió que se identificara y que mantuviera la distancia. Randy obedeció con las palmas abiertas, el ramo todavía en una de ellas.
—Soy su esposo. Tiene derecho a saber dónde está su mujer. Juana está sugestionada por su padre. Hace cinco años que ese señor quiere romper nuestro matrimonio. Hoy la secuestró emocionalmente y la trajo aquí para montar un parte médico.