Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

—Él me dijo que usted estaba de acuerdo y de viaje —explicó Horacio, incómodo—. Cuando pedí una videollamada, la pospuso. Ayer su madre me urgió a preparar la escritura para hoy al mediodía. Por eso vine a hablar con su abogada en cuanto la señora Salazar me llamó. No voy a comprar una casa cuya dueña está sentada en una clínica con puntos en la boca.

Guardé esa frase. No era cariño. Era un límite. Aun así me alivió más que muchas disculpas.

Elisa volvió con la radiografía y el alta vigilada. Podía irme si no me quedaba sola. Mi padre asintió. En el pasillo, Patricia recibió otra alerta del agente que había quedado cerca de mi barrio.

—Randy no está en el hospital del centro —dijo—. Alguien le dijo que las pacientes sin registro a veces pasan por clínicas privadas. Está en la recepción de este edificio. Dio tu nombre. Dijo que era tu esposo y que tenías un episodio. Pidió el número de cuarto.

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