Chapter 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ PARA PROTEGERME

—Primero tu madre. La caja fuerte no se abre con prisa ni con heroísmo. Se abre con una orden, si hace falta, y con testigos. Juana no vuelve sola a esa casa.

Patricia recibió un mensaje. Lo leyó y su cara se tensó.

—La patrulla acaba de doblar en la calle del Mercado. Hay un coche gris delante del edificio. Una mujer con abrigo claro está hablando con el portero. El portero dice que la señora Rosa no abre desde el mediodía.

Marina ya tenía la mano en la puerta del automóvil.

—Es Eden. Si mi madre no abre, Eden buscará la llave de emergencia en el tercer escalón. Lo sé porque yo misma se la enseñé, cuando todavía la creía buena.

—Vamos —dijo mi padre, y arrancó.

Yo miré por el retrovisor la biblioteca que se alejaba. En el bolsillo llevaba la caja de galletas vacía de valor y llena de papeles, y en la boca el sabor de la sangre seca. Marina, a mi lado, marcó el número de su madre y dejó que sonara. Nadie contestó. A la tercera llamada, una voz de mujer que no era Rosa susurró, muy cerca del micrófono, como si hubiera levantado el aparato de una mesa ajena:

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