MI ESPOSO QUEMÓ MI ÚNICO VESTIDO PARA LLEVAR A OTRA MUJER A SU GALA, PERO CUANDO ENTRÉ COMO PRESIDENTA DE SU EMPRESA, DESCUBRIÓ QUE HABÍA HUMILLADO A LA PERSONA EQUIVOCADA

—Por supuesto.

—Y otra cosa, Harrison.

—Dígame.

—Nadie debe anunciar mi llegada hasta que yo esté dentro del salón.

—Entendido, señora presidenta.

Colgué.

Durante varios minutos permanecí inmóvil frente a la parrilla.

El vestido azul se había convertido en una masa de tela negra.

Recordé cuánto había trabajado para comprarlo.

Los turnos adicionales.

Las comidas que había preparado en casa para ahorrar.

La emoción con la que me lo probé frente al espejo.

Adrian había destruido todo aquello en cuestión de segundos.

Y lo peor no era el vestido.

Era la facilidad con la que había decidido humillarme.

Me agaché y recogí una pequeña parte de la tela que no se había quemado completamente.

La guardé en una bolsa.

Después entré a la casa.

Por primera vez en siete años, no sentí la necesidad de justificar su comportamiento.

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