Sonreí.
—Por supuesto.
La muchacha parecía nerviosa.
—Estoy estudiando administración por las noches. A veces siento que nunca voy a terminar.
La observé.
Recordé los años en que trabajaba en varios empleos para ayudar a Adrian.
—¿Cómo te llamas?
—Elena.
—Elena, ¿sabes qué aprendí después de muchos años?
Negó.
—Que el lugar donde comienzas no determina hasta dónde puedes llegar.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Gracias, señora.
Sonreí.
—Y nunca permitas que alguien te haga sentir menos por el trabajo que realizas.
Elena asintió.
Después regresó a sus labores.
La observé alejarse.
Y comprendí que aquella conversación había significado mucho más para mí que los aplausos recibidos durante la gala anterior.
Hoy han pasado tres años desde aquella noche en que Adrian quemó mi vestido.
Continúo al frente del consejo de administración de Vanguard Dominion.