—¡Adrian! ¿Qué estás haciendo?
Intenté acercarme, pero me empujó.
—No te molestes. Es basura, igual que tú.
Sentí que el corazón se me rompía.
—¿Por qué haces esto? ¿Cómo voy a acompañarte?
Me miró con desprecio.
—Exactamente. No vas a venir. Mira tus manos, tu ropa, tu apariencia. Ahora soy vicepresidente. Tú ya no encajas en mi círculo.
Las lágrimas comenzaron a caerme.
—Yo te ayudé a llegar hasta aquí. Estuve contigo cuando no tenías nada…
Él sonrió con arrogancia.
—¿Y acaso no te compenso? Quédate en casa. Invité a Vanessa, la hija del director. Ella sí está a mi altura. Si intentas aparecerte, seguridad te sacará.
Se marchó y me dejó mirando las cenizas de mi vestido.
Pero entonces dejé de llorar.
ADRIAN CREÍA QUE YO NO ERA NADIE. NO TENÍA IDEA DE LA VERDAD.
Mi nombre es Clara Vaughn.