MI ESPOSO QUEMÓ MI ÚNICO VESTIDO PARA LLEVAR A OTRA MUJER A SU GALA, PERO CUANDO ENTRÉ COMO PRESIDENTA DE SU EMPRESA, DESCUBRIÓ QUE HABÍA HUMILLADO A LA PERSONA EQUIVOCADA

—¿Qué entendiste?

Bajó la mirada.

—Que te traté como si no valieras nada.

Asentí.

—Eso es cierto.

—Pero puedo cambiar.

Respiré profundamente.

—Espero que cambies, Adrian.

Sus ojos se iluminaron.

—Entonces…

Negué.

—No significa que vayamos a regresar.

Comenzó a llorar.

—¿Ya no me amas?

Aquella pregunta me dolió.

Porque durante mucho tiempo lo había amado profundamente.

Había creído en sus sueños.

Había celebrado cada pequeño logro.

Había imaginado que envejeceríamos juntos.

Pero ahora comprendía que el amor no podía sostenerse únicamente sobre recuerdos.

—Todavía siento cariño por el hombre que conocí hace siete años —respondí.

Hice una pausa.

—Pero ya no puedo confiar en el hombre en el que te convertiste.

Adrian bajó la cabeza.

No discutió.

Se marchó lentamente.

Aquella fue la última vez que hablamos de reconciliación.

El divorcio terminó meses después.

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