El consejo anuló el ascenso de Adrian.
Posteriormente, la empresa terminó su relación laboral con él conforme a los procedimientos aplicables.
Robert también fue separado de su cargo.
Vanessa no participó en aquellas decisiones empresariales.
Sin embargo, cuando descubrió que Adrian seguía casado y que había utilizado su relación con ella para humillarme, dejó de verlo.
No sentí satisfacción al enterarme.
Solo tristeza.
Adrian había conseguido destruir en unas semanas la reputación profesional que había tardado años en construir.
Y todo porque había comenzado a creer que el poder le daba derecho a despreciar a los demás.
Mientras tanto, inicié los trámites de divorcio.
Adrian intentó convencerme de que podíamos empezar de nuevo.
Me envió flores.
Cartas.
Mensajes.
Incluso apareció una tarde frente a la casa.
—Clara, ahora entiendo lo que hice —me dijo.
Lo observé.