Tenía el rostro pálido.
—Clara…
Lo miré tranquilamente.
—Buenas noches, Adrian.
Sus ojos recorrieron mi vestido y mis joyas.
—¿Qué significa todo esto?
—¿Qué parte?
—¡Que seas la presidenta!
Varias personas voltearon.
Harrison intervino:
—Señor Whitmore, le agradecería que moderara la voz.
Adrian lo ignoró.
—Clara, tenemos que hablar.
Asentí.
—Por supuesto. Pero no aquí.
Lo conduje a una sala privada junto al salón.
Harrison permaneció cerca de la puerta.
Adrian cerró detrás de nosotros.
—¿Desde cuándo eres la presidenta de Vanguard Dominion?
Lo observé.
—Desde antes de que nos casáramos.
Se llevó las manos a la cabeza.
—¡Siete años!
—Sí.
—¿Y nunca me lo dijiste?
Respiré profundamente.
—Sabías que tenía inversiones familiares y que prefería mantener mi vida privada fuera del trabajo.
—¡No me dijiste que eras dueña de la empresa!
—Nunca te pedí que me consiguieras un empleo ni intervine en tus evaluaciones.