Las autoridades comenzaron a revisar las operaciones que podían constituir delitos financieros.
Andrew y Vanessa enfrentaron procedimientos derivados de sus respectivas responsabilidades.
Parte del dinero transferido pudo recuperarse mediante acuerdos y acciones legales.
No fue una victoria rápida.
Hubo meses de incertidumbre.
Reuniones.
Documentos.
Y noches en las que me preguntaba cómo había llegado a aquella situación.
Pero finalmente conseguí proteger mi patrimonio.
Mi departamento permaneció a mi nombre.
Y el divorcio concluyó con una distribución de bienes basada en la información financiera revisada.
Daniel también se divorció de Vanessa.
Durante todo el proceso mantuvimos contacto para compartir información relevante a través de nuestros abogados.
Nunca intentamos convertir nuestra desgracia en una competencia.
Ambos habíamos perdido la confianza en personas a las que amábamos.
Y ambos necesitábamos reconstruir nuestras vidas.
Una tarde, después de que terminó una de las etapas más difíciles del proceso, Daniel me invitó a tomar café.