Pero todo cambió después del nacimiento.
Daniel y Mateo llegaron al mundo con pocos minutos de diferencia.
Los dos necesitaron atención médica durante sus primeros días.
Yo estaba agotada.
Dormía poco.
Me recuperaba de una cesárea.
Y trataba de aprender a cuidar a dos recién nacidos al mismo tiempo.
Alejandro comenzó a llegar tarde.
Después dejó de cenar en casa.
Decía que tenía demasiado trabajo.
Que necesitaba descansar.
Que el llanto de los bebés no lo dejaba dormir.
Una noche le pedí que sostuviera a Daniel mientras yo alimentaba a Mateo.
Me respondió:
—Yo también estoy cansado, Elena.
Recuerdo que lo miré sin saber qué contestar.
Llevaba casi dos días durmiendo en intervalos de veinte minutos.
Pero no quería discutir.
Así que acomodé a los dos bebés sobre mis piernas y continué sola.
Tres meses después descubrí que Alejandro tenía otra mujer.