TRECE AÑOS DESPUÉS DE ABANDONARME CON NUESTROS GEMELOS RECIÉN NACIDOS, MI EXESPOSO ME GRITÓ: «¿CÓMO TE ATREVES A VENIR AQUÍ?». NO RECONOCIÓ A LOS DOS MUCHACHOS QUE ESTABAN DETRÁS DE MÍ. MINUTOS DESPUÉS, CUANDO LOS LLAMARON AL ESCENARIO PARA RECIBIR DOS MEDALLAS DE ORO, SU ROSTRO CAMBIÓ POR COMPLETO.

Están por comenzar una nueva etapa.

Ambos recibieron ofertas de universidades que se interesaron por sus resultados académicos.

Daniel quiere estudiar matemáticas y desarrollar herramientas que ayuden a resolver problemas complejos.

Mateo sueña con dedicarse a la ingeniería y la investigación científica.

Todavía discuten sobre qué universidad elegir.

Uno quiere permanecer cerca de casa.

El otro desea conocer una ciudad diferente.

Yo los escucho.

Les doy mi opinión cuando me la piden.

Pero sé que la decisión final será de ellos.

Porque criar hijos no consiste en mantenerlos pequeños para siempre.

Consiste en prepararlos para que puedan construir sus propias vidas.

Alejandro intentó comunicarse después de aquella ceremonia.

Primero envió un mensaje.

Después llamó.

Más tarde escribió una carta.

Decía que quería conocerlos.

Que se había perdido demasiados años.

Que deseaba reparar el daño.

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