MI ESPOSO ME LLAMÓ REPUGNANTE POR LAS CICATRICES QUE ME DEJÓ EL INCENDIO DEL QUE LO SALVÉ, Y SU AMANTE ORGANIZÓ UNA GALA DONDE TODAS DEBÍAMOS LLEVAR LA ESPALDA DESCUBIERTA, SIN IMAGINAR QUE EL DUEÑO MILLONARIO DE LA EMPRESA LLEGARÍA TOMADO DE MI BRAZO.

Dejé de ir a la playa, rechacé invitaciones a albercas y aprendí a cambiarme de ropa con la luz apagada.

Me convencí de que Mauricio estaba traumatizado por el incendio.

Que tal vez ver mis cicatrices le recordaba aquella noche.

Que algún día volvería a mirarme como antes.

Pero ese día nunca llegó.

Ahora, con la invitación entre las manos, comprendí que Camila sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

Y Mauricio había sido quien me entregó personalmente la humillación.

Me levanté del escritorio y decidí ir a su oficina.

No quería discutir.

Solamente iba a decirle que no asistiría a la gala y que podía inventar la excusa que quisiera.

Caminé hasta el pasillo de dirección.

La secretaria no estaba en su lugar.

La puerta del despacho de Mauricio había quedado ligeramente abierta.

Levanté la mano para tocar.

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