MI ESPOSO ME LLAMÓ REPUGNANTE POR LAS CICATRICES QUE ME DEJÓ EL INCENDIO DEL QUE LO SALVÉ, Y SU AMANTE ORGANIZÓ UNA GALA DONDE TODAS DEBÍAMOS LLEVAR LA ESPALDA DESCUBIERTA, SIN IMAGINAR QUE EL DUEÑO MILLONARIO DE LA EMPRESA LLEGARÍA TOMADO DE MI BRAZO.

—¿Tu patrimonio?

Negué suavemente.

—Mi dignidad.

Sebastián no dijo nada.

Simplemente permaneció conmigo mirando el mar.

Los meses siguientes no fueron sencillos.

El divorcio avanzó junto con las investigaciones financieras. Mi abogada me ayudó a proteger mis acciones y a separar definitivamente mis asuntos personales de los intereses de Mauricio.

Los peritajes confirmaron irregularidades en varias autorizaciones y se identificaron recursos corporativos utilizados para gastos privados.

Mauricio terminó aceptando responsabilidad por la falsificación de documentos y llegó a un acuerdo judicial que incluyó obligaciones de restitución y sanciones conforme al procedimiento correspondiente.

Perdió su puesto, tuvo que vender la casa para enfrentar parte de sus deudas y comenzó a trabajar en una empresa de transporte mucho más pequeña.

Camila también salió de Transportes Altamar. Tiempo después supe que había regresado a vivir con su madre y que había dado a luz a un niño sano.

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