Después apareció la constancia hospitalaria.
—Me resulta difícil entender cómo pude firmar un documento mientras estaba inconsciente en un quirófano —dije.
Un murmullo de indignación recorrió las mesas.
Mauricio intentó responder, pero Sebastián levantó una mano.
—La autenticidad de estos documentos está siendo examinada por especialistas y las irregularidades fueron remitidas a las autoridades competentes.
La pantalla volvió a cambiar.
Aparecieron reportes de gastos corporativos.
Un departamento de lujo.
Un brazalete de diamantes.
Muebles para una habitación infantil.
Pagos que no tenían relación con las actividades de la empresa.
En cada documento figuraba la aprobación de Camila Duarte.
Los invitados comenzaron a volverse hacia ella.
Camila apretó el mantel con ambas manos.
—Yo no sabía —balbuceó—. Mauricio me dijo que esos gastos estaban autorizados.
Uno de los consejeros se levantó.
—Pero usted firmó las aprobaciones.
Camila no respondió.
El director financiero, don Ricardo Paredes, tomó la palabra.