MI ESPOSO ME LLAMÓ REPUGNANTE POR LAS CICATRICES QUE ME DEJÓ EL INCENDIO DEL QUE LO SALVÉ, Y SU AMANTE ORGANIZÓ UNA GALA DONDE TODAS DEBÍAMOS LLEVAR LA ESPALDA DESCUBIERTA, SIN IMAGINAR QUE EL DUEÑO MILLONARIO DE LA EMPRESA LLEGARÍA TOMADO DE MI BRAZO.

La pantalla cambió.

Apareció el registro de accionistas.

Mi nombre estaba resaltado.

Valeria Salcedo de Rivas.

22.4 por ciento.

Un murmullo recorrió el salón.

Los invitados comenzaron a mirarme.

—Quiero invitar a la verdadera propietaria de esas acciones a compartir unas palabras —anunció Sebastián.

Me levanté.

Sentía las piernas extrañas, como si no me pertenecieran.

Caminé entre las mesas.

Sabía que muchas personas estaban mirando mi espalda.

Esta vez no intenté ocultarla.

Subí al escenario.

Sebastián se apartó para dejarme el micrófono.

Respiré profundamente.

—Hace cinco años ocurrió un incendio en el edificio donde vivíamos mi esposo y yo.

Mi voz tembló ligeramente.

Me detuve un segundo.

Después continué.

—Mauricio estaba dormido. Lo saqué del departamento mientras el edificio se incendiaba. Durante la evacuación, una viga cayó sobre mi espalda.

El salón quedó completamente silencioso.

—Pasé por trece operaciones. Los médicos tuvieron que reconstruir grandes partes de mi piel. La aseguradora del edificio pagó una indemnización porque se habían detectado fallas graves en las medidas de seguridad.

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