—¡Qué sorpresa! Mauricio, cariño, ¿sabías que Valeria vendría así?
Me recorrió con la mirada.
—Ay, preciosa, la invitación decía espalda descubierta, no que tuviéramos que convertir la gala en una exhibición de heridas.
Algunas personas soltaron risas nerviosas.
Otras permanecieron en silencio.
Camila se volvió hacia un fotógrafo.
—Mejor no la retrates por detrás. Va a arruinar las fotografías de la celebración.
Sentí que sus palabras me atravesaban.
Pero antes de que pudiera responder, Mauricio se acercó rápidamente y me sujetó del brazo.
Sonreía para las cámaras, aunque su voz estaba cargada de rabia.
—¿Qué demonios haces aquí? —susurró—. Regresa a casa inmediatamente. Me estás avergonzando.
Lo miré con calma.
—Estoy cumpliendo el código de vestimenta.
—Cúbrete.
—No traje nada para cubrirme. La invitación decía que no se permitían chales ni capas. Sin excepciones, ¿recuerdas?