Al final apareció el documento más cruel.
Era la estrategia que Mauricio había preparado para nuestro divorcio.
Pretendía reclamar mis acciones como parte de los bienes matrimoniales y argumentar que yo no estaba emocionalmente capacitada para administrarlas.
Utilizaría mis tratamientos médicos y mi supuesta inestabilidad psicológica para solicitar que un juez le permitiera conservar el control.
No solamente planeaba abandonarme.
Quería quedarse con el patrimonio que había nacido de mi sufrimiento.
Y pensaba utilizar mis cicatrices para demostrar que yo era demasiado frágil para defenderme.
Cerré la carpeta.
Sebastián me observó en silencio.
—El sábado se votará el nombramiento del nuevo director general —explicó—. Mauricio cree que controla tus acciones y las que posee personalmente. Con ese bloque de votos piensa asegurar el puesto.
—¿Y si retiro su autorización?
—Entonces la situación cambia por completo. Tus acciones podrían ser decisivas.