MI ESPOSO ME LLAMÓ REPUGNANTE POR LAS CICATRICES QUE ME DEJÓ EL INCENDIO DEL QUE LO SALVÉ, Y SU AMANTE ORGANIZÓ UNA GALA DONDE TODAS DEBÍAMOS LLEVAR LA ESPALDA DESCUBIERTA, SIN IMAGINAR QUE EL DUEÑO MILLONARIO DE LA EMPRESA LLEGARÍA TOMADO DE MI BRAZO.

Abrí los documentos.

La primera página era un registro de accionistas.

Una línea estaba marcada en amarillo.

Valeria Salcedo de Rivas.

Acciones con derecho a voto: 22.4 por ciento.

Leí la cifra varias veces.

—Esto tiene que ser un error.

Sebastián negó lentamente.

—No lo es.

—Yo no tengo acciones de esta empresa.

—Legalmente, sí. Y las has tenido durante cinco años.

Sentí que la habitación comenzaba a girar.

Sebastián abrió otro documento.

—Cuando ocurrió el incendio de tu departamento, la aseguradora del edificio tuvo que pagar una indemnización importante porque se descubrieron fallas graves en el sistema contra incendios.

Recordé las conversaciones confusas de aquella época.

Abogados.

Documentos.

Visitas al hospital.

Pero yo estaba medicada y apenas podía mantenerme despierta.

—Recibiste una indemnización de aproximadamente cincuenta y ocho millones de pesos —continuó Sebastián—. Ese dinero se utilizó para rescatar Transportes Altamar cuando la empresa estaba a punto de quebrar.

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