Aquellas palabras me hicieron reír entre lágrimas.
—¿Protegerme? ¿De qué? ¿De saber que estabas casado? ¿De descubrir que me utilizabas?
—No entiendes nada.
—Entonces explícame una cosa. ¿Por qué aparece mi nombre en esa cuenta bancaria?
Richard guardó silencio.
Y ese silencio fue la respuesta más aterradora de todas.
Finalmente dijo:
—Porque necesito que vengas conmigo mañana. Si haces lo que te digo, podremos solucionar todo esto.
—No voy a ir a ninguna parte contigo.
—Emily, no sabes en qué te estás metiendo.
Margaret se acercó al teléfono.
—Richard, la policía ya tiene una copia de los documentos.
Mentía. Todavía no habíamos ido a la policía.
Pero su reacción fue inmediata.
—¡No! ¡No puedes hacer eso!
Y colgó.
Margaret y yo nos miramos.
Por primera vez desde que había llegado, vi algo parecido a la esperanza en sus ojos.