—¿Qué quiere de mí? —pregunté llorando.
Margaret me tomó de la mano.
—No lo sé. Pero creo que está intentando convertirte en la responsable de algo que él lleva años haciendo.
En ese instante, mi teléfono comenzó a sonar.
Era Richard.
Margaret me hizo una señal para que contestara y activara el altavoz.
—Hola, cariño —dijo él con aquella voz dulce que tantas veces me había hecho sonreír—. Tenemos que hablar.
No respondí.
—Sé que Margaret está contigo. Escúchame, Emily. No le creas. Está enfadada y quiere destruirme.
Margaret se inclinó hacia el teléfono.
—Richard, deja de mentir. Emily ya lo sabe todo.
Hubo unos segundos de silencio.
Entonces su voz cambió por completo.
—¿Qué has hecho, Margaret?
—Lo que debería haber hecho hace años. Contarle la verdad.
Richard comenzó a respirar agitadamente.
—Emily, por favor, escúchame. Te quiero. Todo lo que hice fue porque estaba intentando protegerte.