David levantó el teléfono.
—¡Porque Chloe ha bloqueado las tarjetas y no puedo pagar la comida!
Evelyn me observó con desaprobación.
—¿De verdad has llegado a ese extremo?
La miré serenamente.
—He desactivado mis tarjetas.
—¡Qué comportamiento tan infantil!
—Tu hijo dijo que yo debía pagar mis propias cosas.
Evelyn hizo un gesto impaciente.
—Eso no significa que tengas que dejarlo sin cenar.
—David puede pagar su cena con su dinero.
Mi marido intervino inmediatamente.
—¡Mamá, necesito que me envíes dinero para la comida!
La expresión de Evelyn cambió.
Fue un movimiento casi imperceptible.
Su sonrisa desapareció y sus ojos descendieron hacia las manos.
Acomodó el borde de su manga.
Después miró a David como si estuviera buscando una manera de responder sin enfadarlo.
Yo conocía aquella expresión.
La había visto antes cuando trataba de justificar alguno de sus caprichos.
Pero esta vez había algo diferente.