No sabía cuánto tiempo había permanecido guardado.
Y tampoco sabía exactamente quién había tomado cada decisión.
Pero comprendía la importancia de leerlo sin intermediarios.
—Quiero verla —dijo.
—Preston, hay detalles que debemos comprobar.
—Los comprobaremos. Pero primero necesito saber qué escribió Naomi.
Martin no respondió de inmediato.
El silencio volvió a llenar el despacho.
Preston miró hacia la ciudad iluminada al otro lado de la ventana.
Horas antes había estado negociando una fortuna.
Ahora habría entregado cualquier cantidad razonable por recuperar la oportunidad de escuchar a Naomi cuando todavía estaba embarazada.
Pero el tiempo no podía comprarse.
Si Theo y Eli eran sus hijos, ya habían dado sus primeros pasos sin él.
Habían aprendido a hablar.
Habían celebrado cumpleaños.
Habían vivido cuatro años de experiencias que ningún empresario, por rico que fuera, podría devolverle.