—Te he hecho una pregunta —dijo Preston—. ¿Lo sabías?
Su madre respondió con una tranquilidad que él jamás olvidaría.
—Hice lo que tenía que hacer para proteger nuestra fortuna.
Preston cerró los ojos.
Durante unos segundos fue incapaz de pronunciar una sola palabra.
La fortuna.
Aquello era lo que su madre había mencionado.
No Naomi.
No los dos niños.
No el embarazo prematuro.
Ni siquiera la posibilidad de que su hijo hubiera perdido años fundamentales en la vida de sus propios hijos.
La fortuna.
Preston sintió una mezcla de rabia y miedo.
Quería comprender exactamente qué había hecho su madre.
Pero la frase que acababa de escuchar había cambiado para siempre la manera en que interpretaba el silencio de los últimos cinco años.
—¿Sabías que Naomi podía estar esperando hijos míos y nunca me lo dijiste?