Verlo en el rostro de un niño desconocido fue tan inesperado que durante un instante dejó de escuchar todo lo demás.
Preston miró al otro gemelo.
Los niños parecían tener unos cuatro años.
Hacía cinco que su matrimonio había terminado.
Sintió que una posibilidad imposible comenzaba a tomar forma.
No podía demostrar nada con aquella observación.
Los parecidos podían ser casuales.
Muchas personas compartían gestos y expresiones.
Pero las fechas empezaron a ocupar su mente con una insistencia que no pudo controlar.
¿Cuándo habían nacido?
¿Quién era su padre?
¿Naomi había rehecho su vida inmediatamente después del divorcio?
¿O aquellos pequeños podían estar relacionados con él?
La última posibilidad lo dejó sin aliento.
Por primera vez en muchos años, Preston no pudo pensar en términos de contratos, inversiones o beneficios.