La música continuaba.
Alguien parecía estar hablando cerca de él.
Finalmente respondió:
—Estoy en medio de un evento. Dame dos horas.
No sabía qué hacer con aquella respuesta.
Habíamos compartido doce años de matrimonio.
Habíamos atravesado tres pérdidas de embarazo.
Él conocía mis temores y sabía cuánto significaba para mí aquel bebé.
Y, aun así, me estaba pidiendo que esperara dos horas.
No se trataba simplemente de que estuviera ocupado.
Estaba eligiendo permanecer donde estaba mientras yo atravesaba una emergencia médica.
En aquel momento comprendí que había dejado de ocupar un lugar importante en sus decisiones.
—No —respondí.
—¿Qué?
—Ya no necesitas volver a casa por mí.
Marcus pareció desconcertado.
Pero no esperé a que intentara explicarse.
Colgué.
Durante unos segundos mantuve el teléfono apoyado contra mi pecho.
Estaba asustada.
Me dolía el vientre.
Y una parte de mí todavía deseaba que volviera a llamar para decir que estaba saliendo inmediatamente.