Tampoco eran objetos que alguien pudiera vender por una cantidad extraordinaria.
Pero para mí eran mucho más importantes.
Las había conservado durante años porque sus palabras me recordaban quién había sido antes de convertirme en Natalie Hale.
Antes de vivir en una mansión.
Antes de compartir mi vida con un hombre al que todos parecían temer contradecir.
Aquellas cartas me recordaban que mi historia no había empezado con Marcus.
Y que tampoco tenía por qué terminar con él.
Cada semana retiraba algo más de nuestra casa.
Siempre con discreción.
Siempre después de pensar si realmente lo necesitaba.
No estaba intentando vaciar sus cuentas ni aprovecharme de su fortuna.
Quería asegurarme de tener acceso a lo que me correspondía y conservar mis pertenencias personales.
Sobre todo, quería recuperar la posibilidad de tomar decisiones sin tener que explicárselas primero a mi marido.